viernes, 8 de enero de 2010

Arístides Romero


Se fue a Europa, becado por su padre, a estudiar literatura  y arte contemporáneo en una Universidad frívola donde enseñan con frivolidad. Aprendió de todo con su inteligencia y sabiduría, no de lo alto y descolló por sobre los más encopetados, titulándose con un “Non plus ultra”.
Viajó de regreso con dos bagajes nomás, uno que había traído y otro que había comprado llenándolo  por demás. Al llegar a su casa lo recibieron papá y mamá, un “Fido” bañado y un convertible sin convertir.
Fiestas van y vienen también, conocidos que se desconocieron, al pasar los años, desfilaban de cuando en vez y no pocos besos sospechosos se acumularon en su otro bagaje, el de su magro corazón.
“A trabajar se ha dicho porque no puedes vagar” espetó papá y mamá asintió sin chistar, paular ni maular. El veredicto fue concertado por la plana mayor y no hubo réplica alguna, mas un grito silente para los adentros del tremendo Arístides Romero.
“El Ministerio es mejor que la hacienda…….” le recomendaron los sabidos de siempre porque, aun, no tenían poder dentro del “poder” y así fue escalando, con los años, peldaño tras peldaño con el sueldo de papá porque el del Ministerio sólo le servía cuando estaba solo en su convertible convertido echándose el aire de la mar.
Un buen día, después de muchos avatares, lo “coronaron” de presidente de la nación porque dijo que le dijeron que diga lo que los anteriores habían parafraseado: “…….cuando sea presidente voy a favorecer a los que siempre he favorecido con favores favorables de los no favorecidos haciéndoles un favor a los más favorecidos para que nunca más sean menos favorecidos desfavorablemente…….”

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