sábado, 9 de enero de 2010

Ilhuicáhua Tlaltipáque



Conocido y poderoso, bueno y justo, hacedor de lo que se ve y de lo que no, dueño del cielo y de la tierra, bendito y noble.
Preparó nuestro lugar, acomodó los ríos, preparó la tierra, hizo los mares, las nubes y las pulgas. Todo lo hizo bien y nada hizo mal; pródigo como Él sólo. Formó las abejitas y les ordenó que trajeran miel; los peces en el mar son su diseño y las estrellitas también. Dio sonidos cantarines a los arroyos de las montañas, le dice al mar que brame o calme a su orden. Los rayos los dirige y los bigotes de la morsa los compuso.
Hizo la nieve, el hielo y el turbión. Las piedrecitas de ónix y los búfalos también. Los zancuditos son obra de sus manos; cuando quiere hace temblar la tierra y descubre el oro cuando bien le place. Nadie lo puede increpar y a su fuerza nadie la doblega. Es fuerte entre los fuertes, Dios de dioses y Rey de reyes; su magnificencia es eterna y su amor también. Nadie le podrá igualar.
Se complace del bien y aborrece el mal; ángeles poderosos lo circundan y su trono es excelso a más no poder. Nadie lo aconseja porque es el dueño de la sabiduría y la inteligencia le acompaña por doquier. Extiende su mano y multiplica el bien, la recoge y nadie soporta su furor.
Ha puesto al hombre sobre la tierra para que se enseñoree de ella y le ha dado la potestad de gobernar y el hombre ha gobernado y se ha enseñoreado de todo y pugna por enseñorearse del Universo también y para lograrlo mató a dios.

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